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Comunicación inclusiva: 10 ejemplos para hablar sin sesgos de género

hace 3 días
6 min de lectura

No hace falta cambiar por completo nuestra forma de hablar para comunicarnos de manera más inclusiva. A veces, basta con cambiar una palabra, revisar una expresión o dejar de asumir que determinadas características definen a una persona.


Comunicación inclusiva


LUtilizamos el lenguaje constantemente: en una reunión, en un email, en una oferta de empleo, en una conversación informal o en un documento de empresa. Y aunque muchas expresiones forman parte de nuestro día a día, no siempre nos paramos a pensar qué estamos transmitiendo con ellas.


La comunicación inclusiva consiste, entre otras cosas, en prestar atención a esas pequeñas decisiones.


No se trata de hablar de una única manera "correcta", ni de convertir cada frase en un ejercicio complicado. Se trata de identificar expresiones que pueden invisibilizar, excluir o reproducir estereotipos y buscar alternativas más inclusivas cuando sea necesario.


Por eso, hemos preparado una guía práctica con 10 ejemplos de comunicación inclusiva que puedes aplicar tanto en tu día a día como en el entorno laboral.


¿Qué es la comunicación inclusiva?


La comunicación inclusiva busca que nuestra forma de expresarnos tenga en cuenta la diversidad de las personas y evite reproducir sesgos o estereotipos.


Implica revisar cómo hablamos, cómo nombramos las profesiones, qué características destacamos de una persona y qué ideas damos por hechas cuando utilizamos determinadas expresiones.


Y hay algo importante: comunicarnos de forma más inclusiva no significa necesariamente desdoblar todas las palabras ni utilizar siempre la "e".


Muchas veces, la solución es mucho más sencilla. ¡Te lo enseñamos!



10 ejemplos de comunicación inclusiva


1. Cambia el masculino genérico cuando puedas utilizar una alternativa neutra


Una de las formas más sencillas de hacer nuestra comunicación más inclusiva es buscar palabras que representen a todas las personas a las que nos estamos refiriendo, no sólo a unas pocas.


Por ejemplo:

❌ "Buenos días a todos"

✅ "Buenos días, equipo"

O:

❌ "Los candidatos deben cumplir los siguientes requisitos"

✅ "Las personas candidatas deben cumplir los siguientes requisitos"


En una empresa, además, existen muchas alternativas que permiten evitar el masculino genérico sin complicar el lenguaje:

  • "Los empleados" → "La plantilla"

  • "Los trabajadores" → "Las personas trabajadoras"


La clave no es sustituir cada palabra de forma automática, sino ampliar nuestras opciones.


2. Utiliza términos que no presupongan quién ocupa una posición de poder


Las palabras que elegimos también pueden influir en la imagen que construimos sobre quién ocupa determinados puestos.


Por ejemplo:

❌ "Los directores de mi empresa"

✅ "La dirección de mi empresa"


La segunda opción pone el foco en la función o el órgano de decisión, en lugar de asociar automáticamente una posición de poder a un género.


3. Evita expresiones que reproduzcan estereotipos de género


Hay expresiones que hemos escuchado tantas veces que pueden parecer completamente normales. Pero que una expresión sea habitual no significa que no reproduzca un estereotipo.


Por ejemplo:

❌ "El sexo débil"

✅ "La fuerza no tiene género"

O:

❌ "Trabajo de hombres / trabajo de mujeres"

✅ "El trabajo no tiene género"


Las profesiones, las capacidades y las responsabilidades no deberían estar asociadas a un género determinado. Revisar este tipo de expresiones es una forma sencilla de empezar a detectar sesgos que tenemos interiorizados.


4. Habla de responsabilidades compartidas


Este ejemplo aparece constantemente en nuestro lenguaje cotidiano.


❌ "Su marido ayuda en casa"


La palabra "ayudar" puede dar a entender que las tareas domésticas pertenecen principalmente a otra persona y que quien "ayuda" simplemente colabora de manera puntual.


Una alternativa sería:

✅ "Las tareas de casa son una responsabilidad compartida"


La diferencia parece pequeña, pero el mensaje cambia.


No hablamos de ayudar a otra persona con una responsabilidad que es suya. Hablamos de compartir una responsabilidad.


5. Pregúntate si el género de una persona es realmente relevante en una frase


Esta es una de las preguntas más útiles que podemos hacernos antes de hablar o escribir sobre alguien:

¿Esta característica es relevante para lo que estoy contando?


Por ejemplo:

❌ "La conductora era mujer."

Si que sea mujer no aporta nada a la historia, probablemente no necesitamos mencionarlo.


Lo mismo ocurre con frases como:

❌ "Mi médico es gay."

Si su orientación sexual no tiene ninguna relación con aquello que estamos contando, ¿por qué incluirla?


Antes de mencionar el género, la edad, la orientación sexual o cualquier otra característica de una persona, podemos preguntarnos si realmente aporta información. Si la respuesta es no, probablemente no sea necesaria.


6. Utiliza correctamente el género de las profesiones


El lenguaje también evoluciona y las profesiones no tienen por qué mantenerse en masculino cuando hablamos de mujeres.


Por ejemplo:

❌ "La médico"

✅ "La médica"

❌ "El juez" — cuando hablamos de una mujer

✅ "La jueza"

❌ "El ingeniero" — cuando hablamos de una mujer

✅ "La ingeniera"

❌ "El arquitecto" — cuando hablamos de una mujer

✅ "La arquitecta"


Nombrar correctamente una profesión también contribuye a visibilizar a las mujeres que la ejercen. La cuestión no es complicar el lenguaje, sino utilizar las palabras que ya existen para nombrar correctamente a las personas.


7. No presupongas que determinadas profesiones pertenecen a hombres o mujeres


Otro sesgo habitual aparece cuando utilizamos una palabra para referirnos a una profesión y otra para referirnos al género de quien la desempeña.


Un ejemplo clásico:

❌ "Los pilotos y las azafatas"


¿Qué estamos dando por hecho?

Que los pilotos son hombres y que las personas que trabajan en cabina son mujeres.


Podemos utilizar:

✅ "La tripulación aérea"

✅ "El personal de aviación"


Lo mismo sucede con:

❌ "Las mujeres de la limpieza"

✅ "El personal de limpieza"


Puede parecer un cambio pequeño, pero evita asumir que una profesión está asociada a un género determinado.


Y esto es especialmente importante en las empresas: el lenguaje que utilizamos para describir los puestos de trabajo también puede reforzar o cuestionar los estereotipos profesionales.


8. Revisa el lenguaje de tus ofertas de empleo


La comunicación inclusiva no se queda en las conversaciones del día a día. También aparece en los procesos de selección.


Una oferta de empleo es, muchas veces, el primer contacto entre una persona y una empresa. Por eso, merece la pena revisar cómo presentamos los puestos, qué palabras utilizamos y qué imagen transmitimos. Por ejemplo, podemos evitar expresiones que asocien determinadas capacidades o características con un género concreto.


En lugar de pensar únicamente:

➡️ "¿Está gramaticalmente correcto?"

También podemos preguntarnos:

➡️ "¿Esta oferta invita a cualquier persona con el perfil adecuado a imaginarse ocupando este puesto?"


9. Lleva la comunicación inclusiva a los documentos y comunicaciones internas


Una empresa puede tener políticas de igualdad perfectamente diseñadas y, al mismo tiempo, utilizar un lenguaje que reproduzca estereotipos en su día a día.


Por eso, también merece la pena revisar:

  • Emails internos.

  • Comunicaciones de la dirección.

  • Presentaciones.

  • Manuales y documentos corporativos.

  • Descripciones de puestos.

  • Formularios.

  • Comunicaciones sobre promociones o procesos de selección.


No se trata de revisar obsesivamente cada palabra. Se trata de crear el hábito de detectar aquellas expresiones que podemos mejorar. A veces, cambiar "los empleados" por "la plantilla" ya resuelve una frase. Otras veces, podemos sustituir una expresión por otra que describa mejor la situación.


10. Antes de hablar o escribir, cuestiona tus propias suposiciones


La comunicación inclusiva no consiste únicamente en memorizar una lista de palabras que podemos utilizar. Consiste en aprender a detectar los sesgos que hay detrás de algunas de nuestras expresiones.


➡️ ¿Estamos dando por hecho que una persona que ocupa un puesto de dirección es un hombre?

➡️ ¿Estamos asumiendo que una determinada profesión la desempeña una mujer?

➡️ ¿Estamos utilizando una expresión simplemente porque la hemos escuchado toda la vida?


Cuestionar estas pequeñas suposiciones es un punto de partida.




Comunicación inclusiva: pequeños cambios, gran impacto


Hablar de forma inclusiva no significa buscar una forma perfecta de comunicarnos. Significa prestar atención, ser conscientes, de las palabras que utilizamos, de las características que damos por relevantes y de los estereotipos que podemos estar reproduciendo sin darnos cuenta.


Y muchas veces, el cambio es mucho más sencillo de lo que parece.


Cambiar una palabra. Reformular una frase. Dejar de asumir. Nombrar correctamente una profesión. Pequeños cambios en nuestra forma de comunicarnos pueden contribuir a construir una cultura más igualitaria y lograr un gran impacto.


Porque el lenguaje no es lo único que cambia una cultura, pero sí es una de las herramientas que tenemos para empezar a cambiarla.


En WE Gender Lab creemos que avanzar en igualdad también consiste en encontrar formas más actuales, prácticas y sencillas de hacerlo. Y la comunicación es un buen lugar para empezar.







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